mi carne de conducir

Tengo que contaros un secreto. El carné de conducir lo conseguí de una forma poco convencional.
Primero os contaré la razón y al final como lo hice. ¡Y como me salió!
Al principio buscas autoescuela: esta te regala no sé qué, en esta las clases valen no sé cuánto, pero al final sólo hay dos opciones:
1ª Opción: “Autoescuela 100 % de aprobar”, al ladito de casa, el profesor vecino tuyo, precio inmejorable, muy simpáticos todos...
2ª Opción: “Autoescuela A que no tienes huevos de aprobar”, en el quinto carajo, el profesor es Gerard Huthman que fue proclamado Mister Simpatía en Alemania en la época hitleriana, el precio el más razonable: te extraían el huevo que más querías y te daban un bocado en el costado contrario al huevo en cuestión, IVA no incluido, un chollito, y la última diferencia con la primera opción es que estaba petadísima de tías buenas.
Pasé mucho tiempo decidiéndome tanto que incluso dudé de mi tendencia sexual, ¡que no que elegí la 2ª opción!
Pues ahí está la primera trampa: esas buenorras están contratadas por las autoescuelas para que no puedas estudiar en las clases.
Los Test de la autoescuela estaban con las páginas pegadas nunca entendí muy bien por qué.
Ahora que pienso, mira si son listos los “auto escueleros”. Puede haber alguien que diga: “Bueno, y a los que sólo les gusten los hombres como los “atraen” a la autoescuela”, yo también lo pensé y caí en la cuenta que sólo vienen porque la misma razón: atracción sexual, sólo que a sus pretendidos que aúnan belleza, inteligencia y simpatía no tienen que contratarlos, ya vamos nosotros como gilipollas.
Una vez, intente cambiar el sistema y denunciar los hechos ante la Oficina del Consumidor, y cuando llegué para poner la denuncia, la chica que había era una de las muchachas de las que os hable antes, iba a la misma autoescuela que yo. Me pidió que no lo hiciera, me lo suplicó, me lo imploró, me lo rogó de tantas formas que no sabía yo que existían, ufff, que bien me lo solicitó, pero como yo soy un hombre de principios, empecé invitándola a salir y terminé pidiéndoselo, suplicándoselo, implorándoselo, rogándoselo, solicitándoselo... pero al final fue ella la que me puso la denuncia pero por acoso.
Así me examiné 17 veces del teórico hasta que me aprobaron por la pena que di llorando en El Diario de Patricia. “Sí, fui engañado creyendo que iba a conocer a Ivonne Reyes y me encontré con esto”.
Bueno, ya pasó el primer trago. Después llegaron las clases prácticas.
El profesor me hizo firmar un seguro por inutilidad múltiple con indicios de subnormalidad profunda. Ya ahí, estaba con la moral por los suelos.
Luego nos subimos al coche.
“Deberá repetir los cuatro puntos básicos: regular el asiento, regulado, colocar los espejos, colocados los espejos y yo, abrocharse el cinturón, abrochado, entonces rece 50 padrenuestros y póngase en marcha, ¿cómo padrenuestros es que no confía en mí?, mal rollo.”
Después te pones en marcha, quiero decir que arrancas y conduces, todo bien hasta que empieza a sudar hasta el Cristo de tu crucifijo, miras al profesor y va con un rosario en la mano, seguimos con el mal rollo. Te va diciendo lo que tienes que hacer: “Pise el embrague, meta primera y suelte el embrague a la misma vez que pise el acelerador”, ¿creen que es muy fácil, no?, pues lo dijo en alemán, el muy hijo del Muro de Berlín.
Bueno, pues tras aprender viendo las 24 horas un canal porno alemán y dar 157 clases prácticas decidí examinarme.
Ahí es cuando comenzaron a ocurrir las cosas más extrañas.
Un coche con un banderín del Bayern Munich y muy parecido al del cuñado del profesor de la autoescuela se salta un ceda el paso y se me cruza, y yo con los nervios no desentangué y se me eyaculó el coche, ¡uy perdón!, no desembragué y se me caló el coche. Suspenso. Pedazo de cabr...
En otra ocasión se me cruza una mujer con un niño en un coche, otro frenazo, otra vez se me cala, suspenso. ¿Cómo?, esa mujer era la hija de Gerard. Me cago en su put...
Luego Gerard se tiró todos los sucesivos exámenes dándome patadas en el respaldo del asiento y tirando del cinturón. Pedazo de cab...
Cabe destacar que el único coche que había era uno que podría medir cerca de dos kilómetros y medio, los pedales estaban tan duros que para pisar el embrague me tenía que poner de pie y la dirección era asistida, había un señor en el salpicadero que me ayudaba a girar. Las lunas estaban tan sucias que parecían tintadas y los limpiaparabrisas se declaraban en huelga. No llevaba luces, tenías que ir con dos linterna, lo peor era cuando ponías los intermitentes.
En cuánto a los examinadores hay mucha leyenda negra sobre sus “decisiones” y que son un poco canallas pero no es así, no hay ni leyenda negra ni son canallas, son unos hijos de la mismísima gran señora que da placeres a los que no pueden conseguirla por sí solos y están deseando cobrar para hacer un poco más feliz a su, ya de por sí, pequeño ego, que está por los suelos por que la chicas de su autoescuela no le hacen ni caso. A por cierto un saludo a la Encarna, la Carmen, la Juani y a todas las chicas del bar Desesperados.
Bueno, para ocuparme de Gerard tuve que ingeniármelas para que pareciera un accidente. Y en cuánto al examinador con dos amigas ucranianas y una cámara de fotos resulta mucho más amable y compresivo. Ahora sólo me falta comprarme el coche y asegurarlo pero para eso quedamos otro día.

Comentarios

Eso te pasÓ por no elegir el de al laito de casa
¡¡MIRA QUE TE LO DIJEE!!!
Si esque no puede ser con tigo!!


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